La #educación como ascensor social que no llega

La educación es el elemento social que debe facilitar el crecimiento individual y colectivamente de forma paralela.

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Imagen ElPaís.es

En este sentido, al OCDE a través de la UNESCO (2002: 14) ha mantenido que la educación como instrumento para eliminar los obstáculos sociales y económicos, pero lo hace desde indicadores que posteriormente convierte en evaluación, por tanto, mide como el proceso de alfabetización influye favorablemente en el mejoramiento de la calidad de vida de las personas. “El vínculo entre la alfabetización y la esperanza de vida es muy sólido. Los padres con más años de estudios tienen hijos con mejor salud y que viven más tiempo”.

Pero esto no es nuevo, la OCDE vienen manteniendo este idea desde mitad de siglo ya en 1966 ante el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas: “El proceso educativo como factor de evolución y desarrollo sociales en el plano local” (Fernández García, 1966).

En el Informe España (2012), de la fundación Entorno dirigida por El Corte Inglés, entidades educativas privadas, entidades financieras,  se constataba la doble función que desempeña la educación:

— En primer lugar, interviene como determinante de la posición social que ocupan las personas, siendo el principal factor de estratificación, movilidad y enclasamiento. Los destinos de clase no dependen de los orígenes sociales, sino del nivel educativo alcanzado. La influencia del origen social sobre los destinos de clase de los hijos sólo afecta a los bajos niveles educativos, evidenciando el círculo cerrado de reproducción y herencia social por abajo. Sin embargo, el origen social no afecta al enclasamiento de los hijos con niveles secundarios y universitarios.

— La segunda función de la educación es su contribución neta a la reducción de la herencia social y la rigidez clasista acumulada en el reciente pasado franquista. La educación ha democratizado las oportunidades de ascenso social y ha contribuido a una mayor fluidez social entre las clases, aunque se mantengan fuertes reductos de rigidez y herencia reproductora, tanto en el extremo superior como inferior de la pirámide social.

Es evidente que en la España actual el factor educación resulta determinante de los destinos de clase, pero matizado por el origen de clase, obteniendo un mejor enclasamiento y un mayor rendimiento de los títulos cuanto más alto sea el origen y a la inversa en la que existe “un diferencial significativo que discrimina a los hijos con padres de bajo nivel educativo en las oportunidades de titularse en la educación superior o terciaria” (Martínez-Celorrio, 2013).

Además hay que tener en cuenta el “desclasamiento social educativo” que en España se destaca ante “la predominancia de una gestión neoliberal que no hizo más que fragmentar los ciclos de vida en el trabajo, exigir al individuo hacerse cargo de su propio recorrido laboral y deteriorar su identidad presente al debilitar su proyección de la vida profesional” (Bogino, 2016).

Una vez llegados hasta aquí, parece evidente que queda mucho por mejorar en el terreno de la igualdad de oportunidades educativas y en la reducción de la influencia de los orígenes de clase en los destinos.

Incluso el neoliberal informe del Observatorio Social de La Caixa (Requena, 2016) indican: No es que no exista desigualdad de oportunidades educativas en función de la clase de la que se procede –un 63% de los hijos de profesionales o directivos lograron un título universitario frente a solo un 26% de los hijos de trabajadores–, ni tampoco que las perspectivas de ascenso social se hayan desvinculado del origen social. Y siguen indicando que “en igualdad de condiciones educativas los hijos de los profesionales y directivos tienen 2,8 veces más probabilidades de llegar a ser profesionales y directivos que los hijos de trabajadores y 1,4 veces más que los hijos de las clases intermedias”.

Lo constatan especialistas como Ildefonso Marqués Perales, profesor de Sociología en la Universidad de Sevilla, que acaba de publicar La movilidad social en España . De su obra se extrae que los jóvenes españoles de hoy disponen de menos posibilidades que sus padres para escalar socialmente. El ascensor, afirma, está parado desde hace mucho tiempo, desde la década de los 90 en especial, coincidiendo con el inicio de la expoliación del suelo (llamado “boom de la construcción).

Fernández Enguita (2016) escribe: “Si ascender es ganar posiciones relativas en el orden social, por ejemplo pasar de un empleo subordinado a un trabajo autónomo o a una posición de autoridad, o de un decil dado de renta a otro superior, la movilidad siempre ha sido más bien escasa y el papel de la educación en ella, limitado: eso es lo que en términos más precisos se llama movilidad vertical, sea intrageneracional, en una trayectoria personal, o intergeneracional, en relación con los progenitores. Pero si por ascender se entiende alcanzar un nivel educativo más elevado que el de la generación anterior, o emplearse, a diferencia de la misma, en trabajos no manuales, entonces el ascenso ha sido inmenso, pero eso es lo que se llama movilidad horizontal, algo bien distinto. Si el acceso a la educación depende menos de la clase de origen, la clase de destino pasa a depender menos de la educación, como ha mostrado Breen (2004) en un estudio europeo comparado”.

Pero la democracia española ha traído modelos educativos que, tras 40 años, debería haber resuelto, mejorado el modelo, por lo que sigue siendo doloroso titulares como:

Infancia en Andalucía 2015: urge un plan que luche contra la pobreza infantil y priorice a los niños

Donde se indica que “Según la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV, 2014), Andalucía es la tercera comunidad autónoma con mayor tasa de riesgo de pobreza o exclusión social infantil (tasa AROPE), con un 51,1%, lo que supone unos 834.000 niños y niñas. Esto significa un incremento de casi 6 puntos porcentuales respecto a los datos de 2013.”

 

Referencias:

Bogino, Victoria (2016). La cuestión del desclasamiento social educativo. Revista de la Asociación de Sociología de la Educación, 9(1), 114-128.

Fernández Enguita, Mariano (2016). La educación en la encrucijada. Fundación Santillana: España.

Fernández García, Carmen (1966). El proceso educativo como factor de evolución y desarrollo sociales en el plano local. Revista de Educación, 185. 109-111.

Fundación Encuentro (2012). Informe España. Una interpretación de la realidad social. (http://www.informe-espana.es/download/educacion/cap2.pdf).

Marqués Perales, Ildefonso (2015). La movilidad social en España. Ediciones Catarata

Martínez Celorrio, Xabier (2013). Tendencias de movilidad y reproducción social por la educación en España. Revista de la Asociación de Sociología de la Educación6(1), 32-48.

Requena, Miguel (2016). El ascensor social. Observatorio Social La Caixa.

UNESCO (2002). Educación para todos, ¿va el mundo por el buen camino?. (http://unesdoc.unesco.org/images/0012/001297/129777s.pdf) (15/9/2015).

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