“Antes de que apareciera la imprenta, los jóvenes aprendían escuchando, mirando, ACTUANDO.”
Cuando Marshall McLuhan escribió sobre los “nuevos medios” y trataba de quitar el miedo a lo desconocido, en ese momento, era disruptivo la introducción en el aula la prensa, la radio y la televisión (McLuhan, 1974:128), seguramente no se daba cuenta de la irrupción que tendría el ordenador en la vida del ser humano ni por supuesto a la educación. Aún hoy, la irrupción de la tecnología en el aula se sigue viendo como amenaza, y esto será así eternamente porque nos educan desde la lógica, no desde la investigación.
Las escuelas españolas avanzaron sin mucho éxito en la gestión de los “auxiliares audiovisuales” descritos por McLuhan, sin embargo desde 1998 y dentro de programas de educación ambiental, empezaron a investigar qué ocurría más allá de las aulas y salieron al patio e incluso algunos osados se atrevieron a analizar la ciudad, VAN MÁS ALLÁ DE LAS AULAS, como bien reflejaría Francesco Tonucci en su “La ciudad de los niños”. En 1998 se inició el programa “De mi escuela para mi ciudad”, programa pionero de educación ambiental en las escuelas españolas y que duró 10 años (García Fernández, 2010). Hay que repensar cómo muchas de las ideas que se gestaron en el laboratorio de Fano se fueron prostituyendo y mal utilizado por políticos sin escrúpulos.
Estos días leía en el blog de Carlos González (@Achinech) Educación como alternativa, en el que reflexionaba sobre la experiencia en las jornadas #ikaskide13, jornadas que trataban de conjugar la formación formal con la informal. Tras la lectura del artículo y los comentarios realizados trasladamos el debate a twitter donde hablamos de la necesidad de estructuras e ideas rompedoras concretado en la la idea iniciada por Ainhoa Ezeiza (@ainhoaeus) como “Hackear espacios”.
Hackear, es un término que no existe para la Real Academia de la Lengua Española, y que en wikipedia se define como “persona que pertenece a una de estas comunidades o subculturas distintas pero no completamente independientes” y que cuando pasa al activismo se entiende al hacker como una “persona que es parte de una conciencia colectiva que promueve la libertad del conocimiento y la justicia social.”
En definitiva se trata de crear espacios alejados de los atriles, de los escenarios con grandes proyecciones, de ‘guruses’ que se pasean con un micro de boca, de ponentes que vomitan sus discursos y casi sin preguntas abandonan las jornadas… hay que buscar espacios en los que todas las personas puedan hablar de tú a tú, que puedan proponer ideas trabajadas, no se trata de convertir las jornadas, congresos y seminarios en asambleas sino en espacios de aprendizaje colaborativo, donde se viva el aprendizaje. Utilizando de nuevo a Tonucci, cómo me gustaría asistir a un congreso que se desarrollara en un parque, a unas jornadas en una playa de otoño, donde los ponentes se paseen entre los asistentes, donde el ponente tenga que bajar de su atril y acercarse a los que quieren aprender, que pasee con los asistentes.
Vale deja de soñar, eso es imposible, a la universidad se viene a aprender, se viene a esforzarse y eso se hace escuchando a un docente que sabe mucho y tu te esfuerzas en no bostezar y permanecer sentado.
Oh capitán, mi capitán…
REFERENCIAS:
- Carpenter, E. & McLuhan, M. (1974): Aulas sin muros. Barcelona. Ed. Laia.
- García Fernández, J. (2010): A modo de evaluación: Diez años de mi escuela para mi ciudad. [Artículo en línea] Disponible en: http://www.segovia.es/index.php/mod.pags/mem.detalle/id.10686/relcategoria.2571/area.23/seccion.37 [Último visita: 19/08/2013]
- Tonucci, F. (1997). La ciudad de los niños. Un nuevo modo de pensar la ciudad. Ed. Fund. Germán Sánchez Ruipérez.
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