Días convulsos que nos han tocado vivir, días en los que la democracia, el periodismo, la dignidad se debate entre el pasado y el futuro. En el presente la democracia, el periodismo y la dignidad no existen. Los gobernantes de los últimos 30 años han expoliado la credibilidad en la democracia, han acabado con la dignidad política y los periodistas han mirado para otro lado.

Los papeles de Bárcenas están siendo la última muestra de la vándalos que han gobernado en la democracia española, pero podemos poner un sinfín de ejemplos de todos los colores, desde Filesa, Naseiro, el hermanísimo, Gürtel, Urdangarín… la posibilidad de que los políticos sean “profesionales” de la política, eternizándose en política, profesionalizando, no sólo su estancia en política sino su futuro vinculado a empresas casi siempre relacionadas con empresas eléctricas.

Ahora descubrimos algo que todos conocíamos pero no aparecía en la prensa, los papeles de Bárcenas han destapado el tarro, en este caso, del mal olor, y vemos la connivenci a entre políticos corruptos y empresas corruptas, la mayoría vinculadas a la construcción, de momento, pero que a nadie le extrañe si en breve aparece la banca, ups ya apareció y las eléctricas.
Llevamos 5 años escuchando la cantinela de “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, “se ha despilfarrado con la educación, las pensiones, la sanidad…” y resulta que los que han vivido por encima de sus posibilidades no han sido los ayuntamientos, consejerías, familias ni ciudadanos, sino los políticos que han venido a expoliarnos, que no les interesa el gobierno si no es para enriquecerse, que sólo quieren ganar dinero, estos que están amparados por su corporativismos, por sus “no tirar de la manta”, que ponen de su lado a jueces corruptos, que dictan leyes a favor de la banca, a favor del poder económico, estos que ejercitan toda su imaginación para amasar inmensas fortunas y que se blindan de la realidad organizando actos rodeados de guardaespaldas, llegando en coches oficiales y gastando dinero de los impuestos de los que SÍ pagamos los impuestos, de los que somos ciudadanos normales.
No sé si llegará el estallido social y no sé si quiero que ocurra, porque las consecuencias son incalculables. Pero está llegando el límite, no sé cuánto aguantaremos ni si la solución será un congreso constituyente, una moción de censura, una huelga indefinida, unas elecciones anticipadas,… todo soluciones ya aportadas en otros momentos de la historia de este país, pero tal vez empieza a llegar el momento de ser más imaginativo, de poner a trabajar la inteligencia colectiva por el bien de todos.
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