Luchando por el Medio Ambiente

Luchando por el Medio Ambiente
Repasando las acciones de las instituciones en pro del Medio Ambiente, podemos analizar que esta lucha por el Medio Ambiente adquiere gran auge a partir de los años 70, cuando la destrucción de los hábitats naturales y la degradación de la calidad ambiental empiezan a ser considerados como problemas sociales. Greepeace nace en Canadá en 1971 y se acepta comúnmente que el reconocimiento oficial de su existencia y de su importancia se produce en la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Humano (Estocolmo, 1972), aunque ya aparezcan referencias explícitas en documentos de años anteriores.
Desde mediados entonces, se han celebrado diversos congresos y conferencias internacionales sobre educación ambiental, entre ellos: el Coloquio Internacional sobre Educación relativa al Medio Ambiente (Belgrado, 1975), la Conferencia Intergubernamental sobre Educación relativa al Medio Ambiente (Tbilisi, 1977), el Congreso Internacional de Educación y Formación sobre Medio Ambiente (Moscú, 1987) y la Conferencia Internacional Medio Ambiente y Sociedad: Educación y Sensibilización para la Sostenibilidad (Tesalónica, 1997).
El modelo económico de desarrollo sostenible empezó a generalizarse a partir del ya comentado Informe
Brundtland (1987), ratificado en la Cumbre de Río (1992), donde se consolidó la definición de desarrollo sostenible como “aquél capaz de satisfacer las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones venideras para atender a sus propias necesidades”. Esta definición recoge dos ideas principales:
Que el desarrollo tiene una dimensión económica, social y medioambiental. El desarrollo sólo será sostenible si se logra el equilibrio entre los distintos factores que influyen en la calidad de vida.
Que la generación actual tiene la obligación, frente a las generaciones futuras, de dejar suficientes recursos sociales, medioambientales y económicos para que puedan disfrutar, al menos, del mismo grado de bienestar que nosotros.
La dimensión ambiental viene determinada por los cambios de los ecosistemas, como consecuencia de la interacción humana y la necesidad de integrarlos sin que afecten al capital natural.
En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (“Cumbre de la Tierra”), celebrada en Río de Janeiro en junio de 1992, se planteó la necesidad de enfocar de forma equilibrada e integral las cuestiones relativas al medio ambiente y al desarrollo. Para ello, se aprobó un plan mundial de acción en todas las áreas relacionadas con el desarrollo sostenible: la Agenda 21.
La Agenda 21 aborda los problemas acuciantes de hoy y también trata de preparar al mundo para los desafíos del siglo XXI.
En el ámbito europeo se han dado también pasos para favorecer la conciliación entre desarrollo, economía y conservación medioambiental. En este sentido, en la Cumbre de Helsinki, celebrada en diciembre de 1999, el Consejo Europeo invitó a la Comisión Europea a “elaborar una propuesta de estrategia a largo plazo que integre políticas de desarrollo sostenible desde el punto de vista económico, social y ecológico” y en la Cumbre de Lisboa, en marzo de 2000, definió un nuevo objetivo estratégico para la Unión: “convertirse en la economía del conocimiento más competitiva y dinámica del mundo, capaz de un crecimiento económico sostenible con más y mejor empleo y una mayor cohesión social“. La estrategia de la Unión Europea para un desarrollo sostenible debe completar este compromiso político, y basarse en él, incluyendo una dimensión medioambiental. Así, el Consejo Europeo de Gotemburgo de junio de 2001, aprobó la Estrategia de Desarrollo Sostenible de la Unión Europea e invitó a los Estados Miembros a que elaboren sus propias estrategias nacionales de desarrollo sostenible.

Últimamente nos enfrentamos a situaciones como las vividas en la XV Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP-15). Donde el acuerdo de Copenhague, tal y como se esperaba, no ha sido posible. A pesar de ser un progreso por la casi unánime aceptación del acuerdo entre países, el documento no satisface ni a la Unión Europea, más ambiciosa con sus objetivos globales de reducción de emisiones de CO2. Los científicos deberán ser más firmes en expresar que el cambio climático es, sin duda, una realidad.

Esperemos que en Durban 2011 (del 28 de noviembre al 9 de diciembre) en la 17ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático avancemos hacia, no sólo la renovación de Kyoto, si no mucho más allá.
Nota.- La dimensión social del cambio global está propiciada por la necesidad de reducir las diferencias cada vez más sustanciales, entre las diferentes sociedades que pueblan la Tierra y que afectan a las disponibilidades económicas, formativas y nutricionales.
La pobreza, la exclusión social, los problemas de salud, y las privaciones tienden a pasar de una generación a otra. Más aún, las dificultades de acceso a las nuevas tecnologías y los rápidos cambios tecnológicos amenazan con crear una “discriminación digital”.
Por consiguiente, un requisito básico del desarrollo sostenible es hacer frente a cuestiones como las demográficas, la mejora de los servicios de salud y de educación, los derechos de la mujer y la función de los jóvenes y de las comunidades locales, el empleo, la prevención de riesgos y el comprender, asimismo, un proceso de participación democrático ligado a la mejora de la administración .
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