¿Necesitábamos a Pigmalión?

Desde twitter @josemanuelbt me interpeló respecto al tema del efecto pigmalión. Y mucha gente habla de este efecto al partir de My Fair Lady, como ejemplo la utilización de esta como metodología didáctica (Martínez-Salanova).

El efecto pigmalión es un clásico en la educación que permite justificar el coaching partiendo de la profecía autocumplida. Es decir, si yo soy buen corredor de maratón y tú tienes voluntad, se puede lograr que cualquiera sea un corredor de maratón.

En resumidas cuentas, y como bien dice el artículo de Arroyo (2013), el efecto pigmalión mejoras gratifican.

Dado que este modelo educativo está muy arraigado en universidades americanas que utilizan el coaching y especialmente el mentoring con universitarios que pagan más de 25.000 dólares al año (Joint Economic Committee Democratic Staff, 2013)

Ahora bien, ¿qué ocurre con una clase muy numerosa y sin motivación?. Este es el riesgo creer que en el modelo educativo español con aulas masificadas se pueden lograr resultados parecidos, lo más habitual es caer en la frustración. Docentes que cambian de centro cada 9 meses, con 30 alumnos con clase y 4 ó 5 grupos distintos… con imposiciones a las direcciones, en muchas ocasiones injustificadas como estamos viendo estos días en Baleares.

En resumen, hay que contextualizar, el mentoring o el coaching de éxito se puede hacer, de hecho se hace y en España hay excelentes coachings como Juan Carlos Cubeiro y su blog Hablemos de Talento, pero no relacionado con la educación pública.

 

Bibliografía,

 

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