Enseñanzas desde Guatemala. 7 años más tarde.

05/09/2013, en el día de la mujer indígena, cuando las campesinas colombianas sale a la calle a reclamar su derecho a sus cosechas, hoy me acuerdo de mi paso por Guatemala.

El alzamiento campesino-indígena en la región mejicana de Chiapas en 1994 provocó el desplazamiento de varios miles de estos al otro lado de la frontera, en el país de Guatemala.

Allí donde la lejanía, la frontera y las armas permiten la defensa, allí se estableció una pequeña comunidad de excombatientes de las guerrillas, cansado de presiones, huidas a medianoche y pesadillas al amanecer.

Pero han bebido las formas zapatistas, eso no lo cambia nadie, en la pared principal de la casa siempre está presente el Che Guevara.

Para ellos su verdad, “nosotros somos los primeros en reconocerlo, no es la verdad de todos. Las palabras no matan, pero pueden ser más letales que las bombas. A la palabra, y no a las armas de los zapatistas , es a lo que le teme el gobierno” (Sierra, 1997:268).

Y en su fundamentan su educación, la defensa de su pensamiento libre. Enseñan primero a los adultos, serán ellos quien se encarguen posteriormente de las escuelitas, después, con mucho esfuerzo a los niños, primero los más mayores, 9-10 años, “si aprenden y tienen un oficio no se querrán ir a la ciudad”.

Lo primero es la enseñanza, aprender a leer y escribir, desde su historia, mientras la AECID se empeña en enviarles libros de textos de España. Su realidad es complicada, la supervivencia está por encima de todo, las cosechas marcan los tiempos del aprendizaje. Es importante aprender las cuentas, lo poco que se vende en los mercados de cercanía tiene que estar muy bien controlado, la economía de la comunidad está en juego.

A los más rápidos, los más locuaces, se le incide en que aprendan dialéctica y saber estar: liderazgo. Sólo desde la palabra serán capaces de recuperar lo perdido, que es mucho, no sólo las tierras también los sueños.

Respetan, aprenden y enseñan la antigua lengua maya, el quetchí, saben cómo llegar a todos los rincones, se reúnen en asambleas, no sólo les interesa aprender los libros, quieren “escuchar historias”, quieren que les enseñen a decir no, quieren que les enseñen autoestima, quieren saber por qué tienen que votar… forman a las mujeres, saben que el cambio será en femenino.

Aprenden rápido, no les importan los espacios, se puede aprender si pizarra, agudiza el ingenio y la imaginación. La participación es necesaria, todos/todas hablan, la asamblea “obliga” a no tener el poder, el docente es un invitado más, si llegara la ocasión su opinión tendría más peso, pero rara vez se llega a eso. Es más un dinamizador que un enseñante. Saben mucho estos zapatistas.

Así aprenden, así enseñan, de generación en generación, con lo puesto, con sus palabras, con lo que le da miedo al gobierno…

REFERENCIAS

SIERRA, Francisco (1997): “Hacia una nueva comunicación política. Ética dialógica y configuración virtual de las redes emergentes. El modelo zapatista como alternativa comunicacional” en Romero Pardo (Coord.), Comunicación Política y Transición Democrática, Universidad Autónoma Metropolitana-Unidad Xochimilco, México, pp. 267-284.

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